
Libro muy ameno y fácil de leer. Sorprende al principio, nada más empezar, con la propuesta que le hace la protagonista al vecino. A cualquiera se le podría ocurrir invitar a alguien a casa a tomar algo, incluso a cenar, con la excusa de pasar un rato acompañada. Pero no, su idea va más allá para los cánones de comportamiento habituales. Algo que no deja de ser un poco estresante al principio.
Pero ¿qué tiene que perder? Nada, y si se arriesga, y sale bien, puede ganar algo. Dice : «Ya me siento mejor de hablar contigo».
Habla de la soledad, que sin darnos cuenta, podemos llegar a asumir como irremediable.
Llama la atención lo que compran en el supermercado: latas de sopa y estofado, fruta enlatada…
Es muy triste el chantaje que le hace el hijo, con no dejar ver al nieto, cuando encima la abuela le ha devuelto la alegría.